Cláusula de salvamento:
Esta breve nota no pretende ayudar al que quiere escribir un cuento, una poesía y mucho menos una novela, sino al que tiene (por lo menos mientras le coge gusto) que hacer el texto para una cartilla de inducción, un informe, una carta, o un pequeño ensayo en su empresa, en su colegio o universidad o en cualquier otra actividad.

Pida ayuda (si puede)
La última posibilidad antes de sentarse a escribir es buscar a alguien que lo haga por usted. Zapatero a sus zapatos, búsquese un ghost writer. Se demorará menos, el resultado será mejor (muchas veces las personas de fuera del contexto pueden analizar mejor las cosas y abstraer mejor las ideas) y usted o su empresa quedaran muy bien. Un periodista, un escritor, el encargado de comunicaciones de su empresa, su primo que escribe bien, o una compañía (como la nuestra) que preste ese servicio, podrán sacarlo del problema.

Cuando toca, toca
Si ya le tocó, si las excusas no valieron, si los plazos se cumplieron, si de eso depende un ascenso, su imagen profesional, su maltrecha relación sentimental o la vida de su cuenta bancaria lo primero que debe hacer es dominar el pánico (o la pereza, que es peor). Piense que de eso (que nosotros sepamos) no ha muerto nadie.

Ni inspiración ni transpiración: método
El asunto es, en principio, cuestión de método. De conocer unas indicaciones básicas que nos saquen del aprieto y, porque no, nos ayuden a familiarizarnos con una destreza que nos puede aportar muchas satisfacciones y beneficios en nuestras vidas.

Y claro, no de un solo método. Este que le proponemos (si conoce otro no sea envidioso, cuéntenos) no está aprobado por la Cruz Roja Internacional, ni por la Academia de la Lengua, pero nos ha funcionado a nosotros. Mientras buscamos otros, utilícelo.

Usted puede, con un plan
La clave contra la angustia de la página o la pantalla en blanco es no sentarse frente a ellas sin una idea clara en la cabeza, un plan, que es la clave para combatir la incertidumbre y orientar el trabajo.

  1. Busque un lugar tranquilo donde se pueda concentrar. Allí, con un lápiz cualquiera y un papel escriba lo que le salga, como le salga al hacerse la pregunta sobre qué quiere decir. ‘Bote’ literalmente las ideas, todas las que sean, hasta las más absurdas.

  2. Cuando crea que no tiene más ideas comience a señalar las que le parezcan más importantes. Ordénelas en otro papel procurando que cada una no ocupe más de una o dos líneas.

  3. Revíselas y hágase una pregunta clave: ¿cuál es la idea central que quiero comunicar? Esa idea central es importante por dos razones: una porque lo ayuda a concentrarse en lo fundamental y le da un hilo conductor y un objetivo a su escrito y otra porque definirla lo lleva a un esfuerzo de síntesis que le hará lograr mayor claridad y mejor manejo de las ideas.

    La idea central no debe tener más de cuatro o cinco líneas, en ningún caso más de un párrafo.

  4. Definida entonces la idea central podrá volver a su lista de ideas y revisar su jerarquía. Esa lista la puede hacer poniéndolas en orden lógico, de importancia, de ocurrencia, de interés o en cualquier otro que considere relevante. Reléalas, precíselas, complételas, saque las que no considere pertinentes. Al final tendrá una estructura básica sobre la cual trabajar.

    En este proceso seguramente surgirán argumentos, imágenes, recuerdos, conversaciones, lecturas y otros recursos que le servirán para comenzar a escribir, sin más dilaciones. Ahora, si todavía no tiene el impulso necesario para arrancar, tómese un tiempo, dele vueltas a las ideas en la cabeza. Quizá en el bus o la ducha, o frente a la televisión o en alguna conversación salga esa primera frase, esa imagen o ese argumento que necesita para comenzar.

  5. Lo siguiente es pensar en cómo va a escribir. Es una buena idea consultar textos del mismo corte del que debe redactar. Si es un informe de viaje, un reporte técnico, un concepto profesional quizá en su empresa haya modelos o hasta especificaciones precisas para escribirlos, o existan otros informes de los cuales echar mano. No para copiar pero sí para buscar una estructura, una forma de arrancar. Una tesis, una carta, un ensayo, para todo eso hay modelos o antecedentes de los que usted puede echar mano.

  6. Bueno pero, usted se dirá ¿cómo arrancar? Y además: ¿cómo terminar?. Lo ideal es saber cómo arrancar y cómo terminar, sin haber arrancado. Definir cómo va a terminar es clave, pues ayuda a disminuir la ansiedad y la incertidumbre y a crear confianza. La idea es que su escrito sea redondo, tenga un hilo conductor (la idea central desarrollada) un principio atractivo, que mueva a la lectura, que lance un interrogante. Un texto que desarrolle todos los tópicos que usted quiere tratar y termine también de una forma atractiva, evocadora, que ofrezca un horizonte en el cual el lector se pueda proyectar.

  7. Ahora. No se alarme por lo que le vamos a decir: Muy seguramente lo que escriba la primera vez no reflejará bien lo que quiere decir, o no será claro, o le faltarán precisiones. Usted debe estar preparado para reescribir. Releer y reescribir. Corregir, volver a releer y, si es necesario, volver a reescribir. Pronto notará los avances y verá cómo su escrito gana en claridad y expresividad. 

Algunos consejos preventivos
No está de más prepararse para el momento de escribir, sea por gusto o por obligación. Y mejor que eso: no está de más desarrollar la habilidad de escribir bien. Será una ventaja profesional y personal muy útil y estimulante para su vida.

Para eso usted debe hacer sobre todo dos cosas:

La más importante de todas: leer. Es una costumbre que nos ayuda entre otras muchas cosas a escribir mejor. Así sea sólo el periódico o las revistas, vale la pena leer.

Escribir. Si uno no escribe nunca, cada vez que lo haga la dificultad será tremenda. Escribir es como levantar pesas o dibujar o preparar una buena carne. Entre más lo hagamos más fácil lo lograremos y mejor nos quedará.

Esta historia continuará...
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